DESPERTAR A TIEMPO
Por: Romeo González Medrano
LOS
DEBATES Y
LAS
PERAS DEL OLMO
Cuando
se trata de señalar los defectos e incongruencias de
nuestro sistema electoral, es común que se olvide una verdad
irrefutable: todos somos sus coautores y
en el caso del formato del debate, fueron los representantes de todos y cada
uno de los partidos los que lo aprobaron. Debate entre candidatos a la
Presidencia de la República, o sea “uno
de los eslabones más significativos de lo que es la política pacífica,
institucional, democrática” en palabras de J. Woldenberg, de esta semana en el periódico Reforma.
Desde
los años 70’ cuando fui militante
adjetivado “aperturista” al lado del Ing. Heberto Castillo Martínez, entre
muchas otras, una lección aprendí: o reconocemos las imperfecciones de nuestro
sistema jurídico-político y empujamos su reforma y mejor evolución para los
fines sociales de la democracia, o le apostamos a la agudización de las
contradicciones, y nos inscribimos en la confrontación y el cambio al margen
del derecho y de las instituciones del Estado. Quienes en la práctica política
han mostrado vacilar de qué lado están inscritos, han terminado por ganarse la
desconfianza general, independientemente ser hombres de buena fe o de la nobleza de sentimientos que les animen.
¿Por
qué tanta alharaca con los debates electorales
entre JOSEFINA, ANDRES MANUEL, GABRIEL Y ENRIQUE? ¿A quién le importan? ¿Es verdad que el
duopolio televisivo está detrás del candidato tricolor? Si son más a los que
les importa el futbol, en parte, ello se explica porque entre los mexicanos, el
juego de pelota forma parte de una cultura milenaria, mientras que el juego de
la democracia, tiene apenas unos cuantos
años.
Pregúntese a toda la
clase política, aparte de autorizar
millonarios gastos del IFE para aburridos spots promocionales del voto ¿qué
han hecho o qué ha sembrado –particularmente los partidos políticos- para tener una sociedad menos enajenada a la
industria del entretenimiento y un electorado más participativo e interesado en
los asuntos públicos como la democracia electoral? Estoy seguro que ningún partido sale librado
de una auditoria enfocada a evaluar el ejercicio de recursos públicos en la
responsabilidad de fomentar el desarrollo de una cultura política como lo establece
el Código
Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales ( COFIPE Art. 78 c. I)
Así
que las quejas, de cualquier candidato son, lo menos extemporáneas e
improcedentes; mejor pasemos del deber ser a la realidad: ¿Será verdad que los
debates son para los que los necesitan para subir en preferencias aunque el IFE nos diga que son para fortalecer
la reflexión ciudadana y el voto
razonado de los electores?
De
ser así, al único al que no le conviene debatir mucho, es a PEÑA NIETO. Sin embargo, si el más
demandante –AMLO- se aleja de la reactividad agresiva y ofrece mesura y
fundamento, quizá se logre colocar a la altura de su propia exigencia, y de ser
así, puede ser él el ganador del debate aunque ello no necesariamente le
garantice el triunfo en las urnas. Hay experiencias en este sentido como en
1994 cuando Diego Fernández de Cevallos se impuso en el debate a Zedillo pero perdió
en las elecciones.
Por
otra parte, dicen algunos analistas que los pellizcos que la campaña panista: PEÑA
NIETO NO CUMPLE no se convirtieron
en positivos para JOSEFINA, SINO ¡¡¡PARA LOPEZ OBRADOR!! ¿Se repetirá esa misma
respuesta a partir de los debates? La teoría del karma dice que lo que hagas se
te regresa. Vamos a ver si la campaña de LA VIOLENCIA EN LOS ESTADOS GOBERNADOS POR
EL PRI, no les revota a sus promotores.
En
un país de incrédulos, de electores de
voto cautivo, por necesidad o de
electores creyentes, o por intuición,
percepción o “me late”, ¿cuál puede ser
el poder real de un par de debates electorales en los que prevalecerá la
crítica, los trapos sucios del adversario, las generalidades y las buenas
intenciones? Y si tuvieran más que decir, hay que tomar en cuenta que
prácticamente es imposible que sin preparación técnica, alguien pueda ser capaz
de comunicar con eficacia en el mínimo de tiempo que marca el formato del los
debates.
En
esas condiciones, cabe la pregunta ¿qué
se puede esperar de los debates? ¿Será
verdad que pueden influir de manera determinante en las preferencias al grado
de modificarlas radicalmente? Los programados por el IFE quizá no, están
demasiado acotados por las reglas aprobadas por todos los partidos. Ni todo el
tiempo que llevan las campañas ha sido suficiente para modificar las preferencias construidas
previamente y ni siquiera se ve que
despierten entusiasmo real en la ciudadanía.
En
realidad lo que está mal es TODO EL
MODELO DE COMUNICACIÓN POLÍTICA ENTRE LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO Y LA
CIUDADANIA, ENTRE LOS PARTIDOS Y EL ELECTORADO. DEFINITIVAMENTE ¡NO DA PARA MAS!
NO SE LE PUEDEN PEDIR PERAS AL OLMO.
Dado
que las tendencias son evidentes, el objetivo de los candidatos, al menos del
PAN y del PRD, será conquistar lo más posible a electores pertenecientes al
segmento de los indecisos. ¿Será posible que uno solo de los candidatos ahora en
desventaja frente a Peña Nieto se lleve a su molino a la totalidad de los
indecisos, influenciados por los debates o su réplica? Tal vez, aunque esa
posibilidad dependa de que ocurra “un milagro”.
Independientemente
de cuáles sean los resultados de ambos debates hay un supuesto que lleva a
preguntar ¿Será mejor para gobernar aquel que mejor “la libre” el próximo domingo? La respuesta es
más compleja, dado que el formato, más que profundidad y sustento de propuestas,
lo que permitirá es apreciar de los candidatos son cualidades como la firmeza
de carácter, capacidad de diálogo e inclusión con diversos, visión de estado,
etc. Desgraciadamente también es ocasión para sacar “una bomba” como se dice
que guardan los calderonistas de Josefina.
Al
respecto, algo en la intuición ciudadana
indica que aquel que en los debates, post debates y resto de las
campañas guarde y saque “bombas” se enfrenta a tres realidades: a) no habrá
dicho nada que ignorara el electorado,
b) toda acusación, acusa teniendo que responderse, por lo menos, por la
responsabilidad de haber guardado información en lugar de cumplir con la
obligación de hacerla del conocimiento oportuno de las autoridades competentes.
Insisto,
hay una percepción errónea de los debates como preámbulo o sinónimo de perfil
para gobernar. ¿Es que debatir con adversarios y en público, corresponde a las circunstancias
que ordinariamente rodean durante seis años el ejercicio del poder presidencial?
¿Acaso
las habilidades, conocimientos y cualidades de personalidad desplegadas en un debate electoral
corresponden a las que un Presidente de la Republica ordinariamente tiene que desplegar un ejercicio exitoso de su mandato?
¿Qué
no dejamos ya en el pasado el perfil del Presidente “sabelotodo”? ¿Qué no será más importante la humildad para mandar
obedeciendo, la sabiduría de escuchar a todos, la inteligencia y habilidad para
persuadir y consensuar, incluir a la sociedad civil y coordinar los equipos y esfuerzos más diversos?
Si
nada de esto se logra saber en un par de debates ¿Por qué los partidos y el
IFE insisten en persuadir a la sociedad
sobre las bondades democráticas de escuchar y analizar lo que en estos se diga?
Las campañas – en directo o por medios
electrónicos – por obvias razones, son “de complacencia” para que cada candidato trate de conquistar las preferencias
más diversas. Pregunto: ¿estará dispuesto alguno de los candidatos a poner en riesgo las simpatías logradas antes
de los debates por el hecho de ofrecer precisiones en los “cómos” de su
ejecución, tomando en cuenta que este es el único terreno en donde se muestra a qué interés sirve de verdad un gobernante o bien,
cuál es la capacidad que se tiene como hombre de Estado incluyente y
articulador de lo diverso?
Si
debatir “cómos”, además de exponer simpatías logradas hasta ese momento, polariza y divide, los debates programados
por el IFE serán los más acotados en toda la historia contemporánea de México.
Se
habrá cumplido con la ley y, después de los debates y aun del primero de julio,
no habrá lugar para que alguna fuerza política se atreva a poner en duda la imparcialidad
y ecuanimidad de la autoridad, la legalidad de toda la jornada y, en consecuencia,
la legitimidad política del triunfador. ¿Qué
no se trata de eso? Si por el contrario prevalece la confrontación y el encono:
¿Qué condiciones habrán creado las fuerzas políticas y los candidatos para
hacer posible, si no la unidad, al menos la posterior coalición política sin la
cual será casi imposible llevar a cabo las reformas y cambios profundos que
requiere México?
Ojala
muestren civilidad todos. Habrá que
estar preparados ante la posibilidad de que en estas elecciones se esconda un
mal perdedor, un fundamentalista occidental disfrazado de salvador de la
democracia; de esos que cuando pierden,
arrebatan. No hay “demócrata” más autoritario y peligroso que un solitario de palacio decidido a “salvar a
la nación”, remember GDO, 1968.
Los políticos con expresiones apocalípticas,
providenciales como esa de “si no
gano México perderá el siglo XXI, son sobrevivientes del siglo pasado. La
promesa del cambio fácil y además creíble, se agotó en la alternancia, federal
y en algunas entidades. Quienes insisten, son portadores de visiones
redentoras, dogmáticas, protagónicas, neo-populistas y excluyentes. Ningún
gobierno ira más allá de donde avance el cambio de los ciudadanos y una
sociedad mucho más diversa y plural que
todos los partidos políticos, juntos o revueltos.
Lo
fundamental no está en la generosidad o mezquindad de un ejercicio acartonado
sino en lo ineludible para Estado y
Sociedad: una impostergable redistribución del poder político, que se abra a la
ciudadanía y sus organizaciones, que
pase de la simple
democracia electoral a la democracia social y que impulse
una política de desarrollo bajo un nuevo paradigma, que, aunque ahora en
construcción, cuenta con bases Constitucionales. Además, y bajo una digna
política exterior, tendrá que incluir complejas negociaciones para una
reinserción de México en el mundo globalizado, empresa para la cual, la
polarización es el veneno. Ante ese reto, ninguna fuerza política podrá
permanecer al margen.
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romeo-gonzalez@hotmail.com
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