PERFIL

Xico, Veracruz, Mexico
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viernes, 4 de mayo de 2012

DESPERTARA TIEMPO. "colaboración"



DESPERTAR A TIEMPO
Por: Romeo González Medrano
LOS DEBATES Y
LAS PERAS DEL OLMO
Cuando se trata de señalar los defectos e incongruencias  de  nuestro sistema electoral, es común que se olvide una verdad irrefutable: todos somos sus coautores  y en el caso del formato del debate, fueron los representantes de todos y cada uno de los partidos los que lo aprobaron. Debate entre candidatos a la Presidencia de la República, o  sea “uno de los eslabones más significativos de lo que es la política pacífica, institucional, democrática” en palabras de J. Woldenberg, de  esta semana en el periódico Reforma.
Desde los años 70’  cuando fui militante adjetivado “aperturista” al lado del Ing. Heberto Castillo Martínez, entre muchas otras, una lección aprendí: o reconocemos las imperfecciones de nuestro sistema jurídico-político y empujamos su reforma y mejor evolución para los fines sociales de la democracia, o le apostamos a la agudización de las contradicciones, y nos inscribimos en la confrontación y el cambio al margen del derecho y de las instituciones del Estado. Quienes en la práctica política han mostrado vacilar de qué lado están inscritos, han terminado por ganarse la desconfianza general, independientemente ser hombres de buena fe o de la nobleza de sentimientos que les animen.
¿Por qué tanta alharaca con los debates electorales  entre JOSEFINA, ANDRES MANUEL, GABRIEL   Y ENRIQUE?  ¿A quién le importan? ¿Es verdad que el duopolio televisivo está detrás del candidato tricolor? Si son más a los que les importa el futbol, en parte, ello se explica porque entre los mexicanos, el juego de pelota forma parte de una cultura milenaria, mientras que el juego de la democracia,  tiene apenas unos cuantos años. 
Pregúntese a toda la clase política, aparte de autorizar millonarios gastos del IFE para aburridos spots promocionales del voto ¿qué han hecho o qué ha sembrado –particularmente los partidos políticos-  para tener una sociedad menos enajenada a la industria del entretenimiento  y  un electorado más participativo e interesado en los asuntos públicos como la democracia electoral?  Estoy seguro que ningún partido sale librado de una auditoria enfocada a evaluar el ejercicio de recursos públicos en la responsabilidad de fomentar el desarrollo de una cultura política como lo establece el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales ( COFIPE Art. 78 c. I)
Así que las quejas, de cualquier candidato son, lo menos extemporáneas e improcedentes; mejor pasemos del deber ser a la realidad: ¿Será verdad que los debates son para los que los necesitan para subir en preferencias  aunque el IFE nos diga que son para fortalecer  la reflexión ciudadana y el voto razonado de los electores?
De ser así, al único al que no le conviene debatir mucho, es  a PEÑA NIETO. Sin embargo, si el más demandante –AMLO- se aleja de la reactividad agresiva y ofrece mesura y fundamento, quizá se logre colocar a la altura de su propia exigencia, y de ser así, puede ser él el ganador del debate aunque ello no necesariamente le garantice el triunfo en las urnas. Hay experiencias en este sentido como en 1994 cuando Diego Fernández de Cevallos se impuso en el debate a Zedillo pero perdió en las elecciones.
Por otra parte, dicen algunos analistas que los pellizcos que la campaña panista: PEÑA NIETO NO CUMPLE no se convirtieron en positivos para JOSEFINA, SINO ¡¡¡PARA LOPEZ OBRADOR!! ¿Se repetirá esa misma respuesta a partir de los debates? La teoría del karma dice que lo que hagas se te regresa. Vamos a ver si la campaña de LA VIOLENCIA EN LOS ESTADOS GOBERNADOS POR EL PRI, no les revota a sus promotores.
En un país  de incrédulos, de electores de voto cautivo, por  necesidad o de electores creyentes, o  por intuición, percepción  o “me late”, ¿cuál puede ser el poder real de un par de debates electorales en los que prevalecerá la crítica, los trapos sucios del adversario, las generalidades y las buenas intenciones? Y si tuvieran más que decir, hay que tomar en cuenta que prácticamente es imposible que sin preparación técnica, alguien pueda ser capaz de comunicar con eficacia en el mínimo de tiempo que marca el formato del los debates.
En esas condiciones, cabe la pregunta ¿qué se puede esperar de los debates? ¿Será verdad que pueden influir de manera determinante en las preferencias al grado de modificarlas radicalmente? Los programados por el IFE quizá no, están demasiado acotados por las reglas aprobadas por todos los partidos. Ni todo el tiempo que llevan las campañas ha sido suficiente para  modificar las preferencias construidas previamente y  ni siquiera se ve que despierten entusiasmo real en la ciudadanía.
En realidad  lo que está mal es TODO EL MODELO DE COMUNICACIÓN POLÍTICA ENTRE LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO Y LA CIUDADANIA, ENTRE LOS PARTIDOS Y EL ELECTORADO. DEFINITIVAMENTE ¡NO DA PARA MAS! NO SE LE PUEDEN PEDIR PERAS AL OLMO.
Dado que las tendencias son evidentes, el objetivo de los candidatos, al menos del PAN y del PRD, será conquistar lo más posible a electores pertenecientes al segmento de los indecisos. ¿Será posible que uno solo de los candidatos ahora en desventaja frente a Peña Nieto se lleve a su molino a la totalidad de los indecisos, influenciados por los debates o su réplica? Tal vez, aunque esa posibilidad dependa de que ocurra “un milagro”.
Independientemente de cuáles sean los resultados de ambos debates hay un supuesto que lleva a preguntar ¿Será mejor para gobernar aquel que mejor  “la libre” el próximo domingo? La respuesta es más compleja, dado que el formato, más que profundidad y sustento de propuestas, lo que permitirá es apreciar de los candidatos son cualidades como la firmeza de carácter, capacidad de diálogo e inclusión con diversos, visión de estado, etc. Desgraciadamente también es ocasión para sacar “una bomba” como se dice que guardan los calderonistas de Josefina.
Al respecto, algo en la intuición ciudadana  indica que aquel que en los debates, post debates y resto de las campañas guarde y saque “bombas” se enfrenta a tres realidades: a) no habrá dicho nada que ignorara  el electorado, b) toda acusación, acusa teniendo que responderse, por lo menos, por la responsabilidad de haber guardado información en lugar de cumplir con la obligación de hacerla del conocimiento oportuno de las autoridades competentes.
Insisto, hay una percepción errónea de los debates como preámbulo o sinónimo de perfil para gobernar. ¿Es que debatir con adversarios y en público, corresponde a las circunstancias que ordinariamente rodean durante seis años el ejercicio del poder presidencial?
¿Acaso las habilidades, conocimientos y cualidades de personalidad  desplegadas en un debate electoral corresponden a las que un Presidente de la Republica ordinariamente tiene que  desplegar un ejercicio exitoso de su mandato?
¿Qué no dejamos ya en el pasado el perfil del Presidente “sabelotodo”? ¿Qué no  será más importante la humildad para mandar obedeciendo, la sabiduría de escuchar a todos, la inteligencia y habilidad para persuadir y consensuar, incluir a la sociedad civil y  coordinar los equipos y esfuerzos más diversos?
Si nada de esto se logra saber en un par de debates ¿Por qué los partidos y el IFE  insisten en persuadir  a la sociedad  sobre las bondades democráticas de escuchar y analizar  lo que en estos se diga?
 Las campañas – en directo o por medios electrónicos – por obvias razones, son “de complacencia” para  que cada candidato trate de conquistar las preferencias más diversas. Pregunto: ¿estará dispuesto  alguno de los candidatos a   poner en riesgo las simpatías logradas antes de los debates por el hecho de ofrecer precisiones en los “cómos” de su ejecución, tomando en cuenta que este es  el único terreno en donde se muestra a qué  interés sirve de verdad un gobernante o bien, cuál es la capacidad que se tiene como hombre de Estado incluyente y articulador de lo diverso?
Si debatir “cómos”, además de exponer simpatías logradas hasta ese momento,  polariza y divide, los debates programados por el IFE serán los más acotados en toda la historia contemporánea de México.
Se habrá cumplido con la ley y, después de los debates y aun del primero de julio, no habrá lugar para que alguna fuerza política se atreva a poner en duda la imparcialidad y ecuanimidad de la autoridad, la legalidad de toda la jornada y, en consecuencia, la legitimidad política del triunfador.  ¿Qué no se trata de eso? Si por el contrario prevalece la confrontación y el encono: ¿Qué condiciones habrán creado las fuerzas políticas y los candidatos para hacer posible, si no la unidad, al menos la posterior coalición política sin la cual será casi imposible llevar a cabo las reformas y cambios profundos que requiere México?
Ojala muestren civilidad todos.  Habrá que estar preparados ante la posibilidad de que en estas elecciones se esconda un mal perdedor, un fundamentalista occidental disfrazado de salvador de la democracia; de esos  que cuando pierden, arrebatan. No hay “demócrata” más autoritario y peligroso que  un solitario de palacio decidido a “salvar a la nación”, remember GDO, 1968.
 Los políticos con expresiones apocalípticas, providenciales  como esa de  “si no gano México perderá el siglo XXI,  son sobrevivientes del siglo pasado. La promesa del cambio fácil y además creíble, se agotó en la alternancia, federal y en algunas entidades. Quienes insisten, son portadores de visiones redentoras, dogmáticas, protagónicas, neo-populistas y excluyentes. Ningún gobierno ira más allá de donde avance el cambio de los ciudadanos y una sociedad mucho más diversa y plural que  todos los partidos políticos, juntos o revueltos.
Lo fundamental no está en la generosidad o mezquindad de un ejercicio acartonado sino en lo ineludible para  Estado y Sociedad: una impostergable redistribución del poder político, que se abra a la ciudadanía y sus organizaciones, que  pase de la   simple democracia electoral a la democracia social   y que impulse  una política de desarrollo bajo un nuevo paradigma, que, aunque ahora en construcción, cuenta con bases Constitucionales. Además, y bajo una digna política exterior, tendrá que incluir complejas negociaciones para una reinserción de México en el mundo globalizado, empresa para la cual, la polarización es el veneno. Ante ese reto, ninguna fuerza política podrá permanecer al margen.
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romeo-gonzalez@hotmail.com

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